Mi Segundo Ciclo: El Inicio de un Gran Sueño
Cuando decidí estudiar Medicina, lo hice con la ilusión de ayudar a los demás. Imaginaba las batas blancas, los hospitales, el orgullo de decir “soy médica”. Pero pronto descubrí que detrás de ese sueño hay noches sin dormir, llantos silenciosos, frustraciones, y una batalla constante entre el cansancio y la pasión.
Y aunque a veces sentí que no podía más, también entendí algo que cambió mi forma de ver las cosas: la Medicina no solo te enseña sobre el cuerpo humano, también te enseña a conocerte a ti misma. He aprendido que esta carrera no es solo un reto académico, sino un viaje emocional donde descubres tus límites, tus miedos y tu verdadera fuerza.
Ante esto conocí muchos aspectos y puntos importantes que me ayudan a mantener una rutina lo cual no es fácil seguir una disciplina porque siempre habrán muchas distracciones que nos desvíen de nuestras metas:
Aceptar que no todo será perfecto:
Cuando empecé, pensaba que todo se trataba de estudiar más, de esforzarme hasta el límite, de no fallar nunca. Pero pronto me di cuenta de que eso no era real. En Medicina, fallar no te hace débil, te hace humana.
Hay exámenes que te hacen dudar de ti misma, trasnochadas que te dejan agotada y momentos en los que el miedo a no ser suficiente te aprieta el pecho.
He llorado frente a mis apuntes, he sentido que no sirvo para esto, y sin embargo, cada vez que me levanté, me di cuenta de que ser fuerte no significa no caer, sino seguir levantándote una y otra vez.
Aprendí que no tengo que poder con todo.
A veces descansar también es una forma de seguir luchando.
Perseverar incluso cuando el ánimo desaparece:
Perseverar no es ser invencible, es seguir adelante incluso cuando las ganas se apagan.
He tenido días donde la motivación desaparece, donde todo parece cuesta arriba, y solo quiero cerrar los libros y dormir por días.
Pero entonces recuerdo mi “por qué”: esa razón que me trajo hasta aquí.
Esa foto de mi primer día con la bata blanca, mi sonrisa llena de sueños. A veces la miro y me digo: “Ella todavía está ahí, solo está cansada.”
Y sigo, aunque duela, porque sé que cada paso por pequeño que sea me acerca a lo que soñé. La perseverancia no siempre brilla; a veces solo se arrastra, pero nunca se rinde.
El equilibrio que tanto cuesta encontrar:
Durante mucho tiempo, pensé que estudiar sin parar era sinónimo de compromiso.
Hasta que entendí que no puedo cuidar a nadie si no me cuido a mí misma. Empecé a notar que el cuerpo también habla cuando lo fuerzas demasiado: la mente se agota, el corazón se cansa.
Así que aprendí a mi manera a buscar equilibrio: a dormir un poco más, a comer sin prisa, a caminar cuando la ansiedad me abruma, a ver una película sin culpa y a permitirme decir “hoy no puedo”.
No siempre lo logro, pero entendí que no se trata de hacerlo todo perfecto, sino de no olvidarme de mí en el proceso ya que cuidarme también es parte de ser médica porque priorizar mi bienestar es parte de mis futuros logros para alcanzar mis objetivos.
Los altibajos: maestros de vida
Ninguna carrera forma tanto carácter como la Medicina.
Hay momentos en los que el agotamiento es extremo, los resultados no son los esperados y el entorno parece exigir más de lo que puedes dar.
Sin embargo, esos momentos difíciles son los que más enseñan.
Los altibajos me enseñaron empatía. Me hicieron entender que detrás de cada paciente hay una historia, y que a veces, lo que más sana no es una medicina, sino una palabra de consuelo.
Aprendí que el dolor, propio o ajeno, no debe endurecernos, sino volvernos más humanos.
Las derrotas en esta carrera no son finales, son pausas necesarias para revalorar el camino.
En cada guardia agotadora, en cada noche de estudio, en cada lágrima, se esconde una lección sobre la fuerza y la vocación.
Mantener viva la pasión
Hay días en los que la pasión se apaga. Días en los que el cansancio borra el entusiasmo, y parece que la carrera se volvió una carga.
Pero siempre hay algo que enciende de nuevo la chispa: la sonrisa de un paciente, una palabra de agradecimiento, o simplemente el recuerdo de por qué comenzaste.
Esa pasión es el alma de la Medicina.
Y aunque a veces se esconda detrás del agotamiento , nunca desaparece del todo.
Basta una pequeña experiencia humana para recordarte que todo esto cada desvelo, cada esfuerzo vale la pena.
Mi conclusión: seguir sin olvidarte de ti
Estudiar Medicina es una de las cosas más duras y más hermosas que me ha pasado.
Me ha hecho llorar, reír, dudar y crecer he aprendido que no se trata de ser la mejor, sino de seguir, incluso cuando no puedes más.
Porque al final, esta carrera no solo te enseña a salvar vidas, también te enseña a no perder la tuya. A ser humana antes que médica, entender que cuidarte no es egoísmo, sino amor propio y aunque a veces me sienta agotada, sé que cada esfuerzo tiene un sentido y que cada paso, por más pequeño que sea, me acerca a ese sueño que late en mi corazón.
Comentarios
Publicar un comentario